La memoria:

La atención y la memoria son dos procesos mentales estrechamente vinculados que nos permiten adaptarnos y desenvolvernos eficazmente en nuestro día a día. La memoria, en especial, nos ayuda a almacenar la información que recibimos del ambiente para después recuperarla y hacer uso de ella según necesitemos. Sin embargo, hay que tener presente que para memorizar tenemos primero que prestar atención, ya que sin un adecuado nivel de alerta, no seríamos ni siquiera capaces de percibir la información que hay en el mundo que nos rodea para memorizarla.

La memoria es una habilidad activa y consciente que puede ser entrenada o fortalecida a través de juegos y actividades. La memoria interviene de manera activa en todos los procesos más complejos o superiores que se requieren para algo que llevamos haciendo desde muy pequeños: ¡aprender!

Para explicarles un poco más este proceso, a continuación describimos los tres principales tipos de memoria de acuerdo con cuánto tiempo permanece la información en nuestro sistema:

  • Almacenamiento sensorial: este es un mecanismo que nos permite retener la información que reciben nuestros sentidos (oído, vista, olfato, tacto, gusto) por periodos muy breves de tiempo, es decir, unos pocos segundos. Esta es la puerta de acceso a nuestra siguiente forma de memoria, pues todo lo que aprendemos llega a nuestro cerebro a través de los sentidos.
  • Memoria a corto plazo o de trabajo: se refiere a la captación de información por segundos o incluso minutos. Un excelente ejemplo de cómo utilizamos este tipo de memoria, es cuando tenemos que aprendernos y repetir un número de teléfono, una dirección, un nombre, etc. Sin embargo, nuestra memoria a corto plazo tiene una capacidad limitada.
  • Memoria a largo plazo: esta requiere que consolidemos la información para que podamos almacenarla permanentemente. Cuando activamos este tipo de memoria, los recuerdos que ahí existen los ponemos a nuestra disposición para poder contestar algo o dar respuestas a lo que nos están preguntando. Para que la información que recibimos a lo largo del día logre llegar a nuestra memoria a largo plazo necesitamos llevar a cabo ciertas estrategias tales como clasificación, asociación, elaboración o repetición de la información. De lo contrario, ésta se perderá tras haber sido retenida durante unos segundos en la memoria a corto plazo.
  • Ahora pongámoslo en el contexto de los niños. Todos sabemos que ellos son sumamente receptivos y curiosos. Ambas condiciones son facilitadoras para los procesos de memoria y aprendizaje. Por lo tanto, tomando en cuenta las definiciones anteriores, vale la pena aprovechar las bondades del pensamiento de esta etapa vital para favorecer los procesos de su memoria y facilitar con ello, su capacidad de aprendizaje. En este sentido, utilizar peluches o muñecos nos serán de gran ayuda, para que mediante el juego desarrollemos su capacidad de memoria! Aquí les ilustramos algunos ejemplos:

    ¡A ejercitar la memoria de trabajo!
    A través de un juego simple y divertido que consiste en presentarle al niño durante algunos segundos diferentes muñecos o prendas de vestir de peluches y acto seguido, pedirle que cierre los ojos. Durante este tiempo se retirará alguno de los estímulos presentados (por ejemplo un zapato o uno de los peluches presentados), y se le pedirá al niño que cuando vuelva a abrir los ojos nos diga qué es lo que falta.

    ¡A ejercitar la memoria a largo plazo!
    Otra estrategia en la que el peluche puede ayudar a nuestros niños a memorizar información (resúmenes escolares, discursos, oratorias, etc.) es a través de la asociación de cada uno de los elementos o párrafos del discurso con una de las partes del cuerpo de nuestro peluche (por ejemplo, las características de la Nueva España con la oreja derecha, o el año de la conquista de México con la nariz de su peluche). Así, el niño podrá recuperar la información cuando quiera simplemente recordando a su peludo amigo y las partes de su cuerpo.

    Finalmente, los peluches también destacan por ser excelentes escuchadores. Por lo tanto, los niños pueden contarles y repetirles las veces que necesiten la información que deban memorizar con la seguridad de que su muñeco nunca se cansará de escucharlos, ya sea en forma de rimas, canciones o incluso actuaciones al aprender por ejemplo sus lecciones de historia.

    Psic. Regina González